Las tres visiones Occidental

Primer movimiento
Nace el teocentrismo entre los siglos IV y XIV sobre las bases de la historia de Jesús, se crea el cristianismo oficial con Constantino I y se convierte poco a poco en una institución. La relación es la un Dios bueno al que se obedece. Dios es bueno y razonable, es el bien fundamento de todo (st Thomas d’Aquin). El hombre puede comprender el diseño de lo divino a través de la razón. La felicidad es omnipresente en la moral. En el siglo XIV las cosas cambian y Dios pasa a ser todopoderoso, decide sobre la vida y la muerte, la visión pasa a ser más inquisitiva y represiva. La visión es la de un Dios omnipotente que aplasta a su voluntad.


Segundo movimiento
Ante semejante opresión divina nacen las ideas del antropocentrismo en la época de la Ilustración y Kant (critica de la razón pura) será el legislador de ese cambio haciendo un trabajo desde las exigencias de un perfeccionista con la moral por delante y el deber como virtud. El hombre pasa a ser el centro, ni Dios ni la naturaleza: el hombre es el valor absoluto. El hombre es el legislador de la moral, en lo que tiene razón. Con el desapego moral de lo divino, la ley divina desciende hacia el hombre y es él quien marca el dictado (Marqués de Sade).


Aquí asistimos a la primera caída del constructo esquizoide paranoide de la visión de Dios, todo lo “vertical” que se ha logrado ya no sirve, desciende lo divino. Con Kant baja el cristianismo y lo traduce en moral universal y se transmite en la cultura, así es como la gente tenía ideas kantianas sin haberlo leído. Empieza el reino de la libertad, el romanticismo explota ese movimiento y no se podrá parar. La historia de Europa empieza a cambiar y nace una etapa de liberación del hombre, pero también aumentan el dualismo y el racionalismo. De la libertad nace la angustia de la incertidumbre y la ilusión frenética del poder de la razón y de la ciencia por construir una nueva salvación o felicidad.
Tercer movimiento


Con Sartre y su filosofía de la exterioridad nace el existencialismo o, mejor dicho, el situacionismo, es decir, manda el contexto sobre el resto, el fenómeno exterior es primordial, los posibles son superiores a los hechos y las creencias. El hombre ya no es centro de sí mismo. Dios ha muerto (Nietzsche) y ya no tiene la capacidad de creer en él. El humanismo es ateo, el hombre forma parte de un todo y no tiene dimensión transcendente. Ya no es sujeto. Nace el concepto o necesidad de que la sociedad tiene obligaciones conmigo, la sociedad me debe algo, dependencia y exigencia. El hombre es reducido a un objeto. Hombre es efecto y causa. Nacen la especialización y los ismos. Psicologismo / Sociologísmo / Etnologísmo / Biologísmo / Historicismo


Es el tiempo del existencialismo, el individuo es rey de su destino. Es la era ya iniciada del utilitarismo. Pasamos del “yo debo “(deber), que implica las exigencias morales de Kant de las obligaciones más virtuosas, a la modernidad: se cambian los roles al “Si yo puedo, entonces debo” (ya no hay moral). Ya no se obedece ni por ley divina ni por moral, sino que solo se elige por la propia voluntad del “si puedo aprovechar la posibilidad emergente la tomo”.
De ahí la famosa frase de Sartre: “el hombre está condenado a ser libre”. Es cierto, pero eso también determina un cierto fatalismo existencial no resuelto a la fecha.


Tercer movimiento
Pasamos entonces de las iglesias góticas y sus estilos verticales en búsqueda de Dios al cambio de paradigma de Kant, es decir hacia un movimiento más horizontal y colectivo (inicio del comunismo de Marx). Sartre sigue hacia el diseño de la esfera del contexto, en el cual el hombre forma parte de un todo y se reduce en partículas perdidas en la cosmovisión humana de Occidente, en el utilitarismo individualista consumista donde todo es causa y efecto y contexto aprovechable (epicureísmo, estoicismo), pero necesariamente libre de todo constructo.


Lo cierto es que eso es muy importante y es que tanto la filosofía antropocéntrica como la de la moral de las exterioridades auto rechaza las otras por completo, de ahí los múltiples conflictos filosóficos y simbólicos que aumentan la visión dual separatista y racional del hombre. En cambio, el teocentrismo no los rechaza, sino que los incluye a raíz de los acontecimientos históricos y porque la base es ontológica.


Así que debemos reconocer que el proceso civilizatorio fue y ha sido el que tenemos. Afortunadamente, el impacto de la desaparición del Dios bondadoso ha sido amortiguado por la compleja elaboración del humanitarismo secular que hoy interiorizamos a través de la cultura de la modernidad. Dicho humanitarismo nos permite hoy en día hacer la realidad menos insoportable.
Pero persiste el dualismo básico de la separación entre el individuo y el mundo exterior que se incrementó en la Ilustración. Un proceso heredado de la separación o escisión, he aquí nuestra hipótesis. Eso es lo que nos trae dificultades en la elaboración de un nuevo paradigma con fundamentos más integrales y limita la posibilidad de la reunificación del hombre con la matriz universal.


Conclusión
Aquí hemos de concluir esta etapa en que la acción humana, es decir, el acto humano, se veía transformada y codependiente de esa triada biográfica. Cabe decir que la manera de cambiar ha sido radical y basada en el juicio, o, mejor dicho, en el sacrificio arquetípico de los símbolos anteriores, con el nacimiento de una nueva visión prometeica que, a su vez, se veía crucificada. Así fue en el juicio y la ejecución de Sócrates en el nacimiento del pensamiento clásico, la crucifixión de Jesús y el nacimiento del cristianismo, el juicio de Galileo y el nacimiento de la ciencia moderna. De ahí nace una visión traumática de los cambios, una voluntad de conservar lo anterior, y una alineación de la insoportable evolución hacia algo nuevo, y el post modernismo, que veremos en otro capítulo.

By | 2017-09-26T17:39:34+00:00 septiembre 26th, 2017|Sin categorizar|0 Comments

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